domingo, 12 de febrero de 2017

Mí primer día de clases


Mí primer día de clases



El lunes me presenté a la Facultad de Bellas Artes de la UNLP con el corazón en la boca, con tantas expectativas por cumplir que incluso podría considerarme muy exigente. Al llegar encontré en la entrada tres mesas adornadas con diferentes colores que pertenecían a los distintos grupos de estudiantes que sirven de anfitriones y guías para los de nuevo ingreso, cada uno de ellos dispuestos a ayudar en lo que se nos presentase, me sentí muy a gusto. Pregunté donde estaba el salón en que tomaría la materia de Introducción a las Artes Audiovisuales, la primera de este curso introductorio a la carrera. 

Me paré en el pasillo junto a la puerta a esperar, vi a mis compañeros llegar uno por uno y recordé mi primer día en la PUCMM. No sentí mucha diferencia al principio, todos nerviosos por lo que nos esperaba y al abrirse la puerta, igual que en República Dominicana, todos se sentaron de la segunda fila para atrás. Me senté solo en la primera fila de ese inmenso salón y casi al instante fui acompañado de unas estudiantes. Noté la gran diferencia al entrar el maestro, era joven, y como tomó rápidamente el control, me pareció impresionante. Sin muchos rodeos empezó, entró en lleno a los temas a tratar y por fin me vi en una universidad de verdad. 

El profesor no solo es estudiante y docente de la facultad, sino que ha trabajado en diversas ramas y empresas relacionadas con las artes audiovisuales y comunicación. No me puedo quejar, me pareció excelente la clase, dinámica, seria y enfocada, esta gente no esta jugando. En cuatro horas de arduo trabajo tuvimos 15 minutos de descanso, sin contar una que otra interrupción informativa típica de los primeros días. Fueron a presentarse los coordinadores de la carrera, los grupos estudiantiles que mantienen constante movimiento político a favor de la educación como un derecho gratuito para todos, dentro y fuera de la universidad, y también unos niños que aprovechan para ir a pedir unas monedas. La miseria es un tema que tocaré cuando lo entienda mejor. 

Sinceramente, no es difícil notar lo diferente de esta universidad a cualquiera en República Dominicana, aquí la educación es un derecho por el cual se ha luchado y derramado sangre, no un negocio. Solo hay que pararse a ver como los estudiantes aman y protegen su espacio. Nadie entra a estudiar arte, como en mi caso, y se le obliga a cursar materias inservibles que simplemente son para que uno tenga que pagar los créditos. Aquí se está estudiando de verdad.  

  

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